Nada mas decir aquello Luis observó como en una mesa cercana una mujer de edad avanzada, suspiraba y limpiaba su nariz con un pañuelo, mientras un hombre calvo y corpulento sentado al otro lado de la mesa parecía enfadado. Desde luego aquel no debía ser un buen día para las parejas por lo que se veía; al menos las que habían decidido comer en aquel bar. Al volver la cabeza hacia Mónica, Luis no pudo evitar fijarse en el bonito destello que la luz formaba al entrelazarse con su pelo casi dorado; tal reflejo le daba a su rostro un toque casi divino, ahora sobre todo que ella parecía iba a convertirse en algo inalcanzable. Por un momento le invadió un espeso abatimiento, al pensar que ya nunca mas posaría sus labios sobre los de ella, ni volvería a sentir cerca aquel olor dulzón que despedía su piel; tampoco volvería a despertar a su lado abrazándola. Todo aquello ya formaba parte del pasado; en esos pensamientos se hallaba, casi con la mirada perdida, cuando ella levanto la vista y le dedicó una mirada tierna. Luis no supo ver aquella mirada como otra cosa que una terrible señal de lástima, de cierta culpabilidad, y eso le hirió aún más. Sus ojos empezaron a sentir la rabia y la desesperanza, pero haciendo un esfuerzo por no delatarse ante tal situación, reinició la conversación a sabiendas de que el silencio era uno de sus mayores enemigos en tal situación.
- Estás totalmente decidida supongo…
- Nunca he estado tan convencida de algo
- ¿Nunca?
- No nunca…
Y aquellas palabras le hundieron definitivamente. ¿Para que seguir? ¿Para que luchar?; había que hacerse a la idea de que le había perdido. Así era mejor, hacerse a la idea, y punto.
Bitacoras:
Otro mundo es posible: Vosotros que me haceis pasar tan buenos ratos: