Salgo de casa a las nueve, hoy no trabajo y debo ir al banco a pelearme por cuatro mil euros mas en la hipoteca. Me he quedado corto creo, así que tendré que intentarlo como sea, porque sino el invierno será muy duro durante los próximos treinta años. El camino por la autopista no se hace demasiado largo, además pongo el CD y toca alguna de mis canciones favoritas de Bowie, entre ellas Let´s Dance, que me anima a pisar el acelerador quizás más de la cuenta. Al llegar a la ciudad y parar en los semáforos la gente de los coches de a lado lleva caras de Lunes, pero este no es mi caso. Ya me doy la paliza los jueves para no trabajar de Lunes, día que siempre odie desde niño. Hace bastante frio, hasta el punto que ni la calefacción del coche me alivia.
El tipo del banco es inflexible, pero después de una conversación intrascendente acaba aceptando dos mil euros más. Algo es algo, así que acepto a regañadientes. Al salir del banco vuelve a azotarme el frio, y no puedo evitar sentirme casi mareado y aturdido. Entro en un café, y mientras pido un café con leche repaso toda la documentación del buldog que acabo de visitar. Me cuento los dedos, porque eso es lo que hay que hacer después de darle la mano al banquero. He dejado el coche lejos, así que camino rápido aprovechando las sombras de los pocos árboles que quedan en la alameda, para no mojarme con las primeras gotas de agua del día. Ahora toca visita al almacén de cocinas, allí me atiende una jovencita que no tendrá ni veintidós años con una sonrisa prefabricada que me va a costar cuatro o cinco mil euros. Le digo lo que quiero y ella escucha con atención como si supiera perfectamente lo que quiero, pero no tiene ni idea; lo compruebo cuando le pregunto de donde viene el granito verde labrador. Ni idea. Para consolarla le pregunto si a sus padres les gusta el cine. Ella me mira sorprendida, sin intuir demasiado bien que intenciones puede tener una pregunta tan estúpida hecha a la dependienta de un almacén de cocinas. En efecto, les encanta, entonces señalo con mi dedo la chapita que la chica lleva colgada en el pecho con su nombre: Lara Suárez. Su sorpresa se convierte en una sonrisa, esta vez más bonita, y mas sincera, “ahhh si, es por eso…”. Al menos la chica ha visto Dr. Zhivago, algo es algo, aunque no sepa de cocinas, si sabe de cine tiene perdón, aunque ella ignore que recuerdo el guión de esa película casi de memoria... Ahora se vuelve mucho más amable y sonriente, pero dudo que tal amabilidad se transforme en un descuento adecuado, aunque al menos consigo que el presupuesto esté para el lunes que viene.
La salida de la tienda es un laberinto de carreteras en la que a punto de estoy de equivocarme por dos veces, pero al final consigo llegar a Hipercor, los grandes almacenes más exitosos del país. Hoy no hay demasiada gente, claro que es lunes, y finales de mes, así que las carteras están ya vacías máxime en un mes de vacaciones como este. Compro algo de carne, queso y pasta. En la sección de congelados viven los ojos más bonitos de todo el centro comercial, y no desaprovecho la ocasión para visitarlos, aunque odio los congelados. Después de recrear la retina paso por caja y vuelvo al coche. Con la ventanilla abierta el frio se nota casi menos que con la calefacción. Ahora en el CD escucho a Dhuncan Dhu, que para conducir es más seguro, sus temas son más tranquilos y me gustan tanto que intento retrasar la llegada a casa.
Después de comer me pongo al asunto, corto y pego, borro, paso líneas, seis folios…., pero es una basura. Mañana lo rehago. A las siete de la tarde aproximadamente me acuerdo. Tu foto.
Y ahí estas ranita, en varias fotos, cinco al menos. Una de ellas con tus amigas, espectaculares, las tres, pero tu más. Otra con ellas y un sujeto-predicado que te agarra por la cintura. Otras dos estás entre la gente, una de ellas parece que ya recogiéndote. Y la última, la mejor, tu solita, reina del universo mundial,…con la manita en el reloj…Cuando levanto la vista de tus fotos son casi las nueve de la noche, mis padres están a punto de llegar del paseo y el capirote del cocinero espera ser usado. Pero antes escribo, para contarte de que forma tan sencilla, solo con un guiño, un día cualquiera puede acabar siendo un buen día…
Medea — 19-12-2005 22:57:47
Mapi — 20-12-2005 18:38:32
travesura — 22-12-2005 18:59:05
marvision — 22-12-2005 22:28:35
Bitacoras:
Otro mundo es posible: Vosotros que me haceis pasar tan buenos ratos: