Siempre dije que no me casaría. No me imaginaba aceptando las renuncias de la convivencia. Y aunque convivo no me he casado, al principio por que no quería, luego porque la inercia hace que ya sea innecesario.
Ahora tengo 36 años, un trabajo bien remunerado, una casa preciosa, y una compañera estupenda. LLevamos doce años juntos y todo va sobre ruedas o al menos eso pienso. Igual que nunca me plantee casarme, tampoco me plantee tener hijos, la verdad...Los niños ni siquiera me gustan, y su presencia a veces hasta me incomoda.
Estas navidades han sido especiales, pues en la familia ha habido un regalo especial en forma de bebé. Mi cuñada ha tenido una bonita niña. El día de nochevieja, justo en medio de la cena, la niña se despertó y comenzó a llorar. Dado que mi cuñada está bastante cansada y superada por la nueva presencia, me ofrecí (aún no se porqué) para acunarla un poquito mientras ella terminaba de cenar. Mi cuñada me miró con cara de "aunque no sepas nada de niños...te lo agradezco", y como no hizo ademán de evitarmelo acudí presto a la labor. La niña se quedó dormida en mis brazos en pocos minutos.
Insisto, no me gustan los niños, pero...por primera vez en mi vida he pensado "¿porque no?". Y se me han ocurrido miles de razones, dinero, tiempo, mi tesis,...Pero algo en mi interior me dice que ando cerca de desearlo. Más viendo los ojos que mi chica puso al verme con la niña en brazos. Curiosa evolución ésta ¿no?
Charles de Batz — 08-01-2006 09:09:07
Mapi — 18-01-2006 16:45:31
Bitacoras:
Otro mundo es posible: Vosotros que me haceis pasar tan buenos ratos: