Nos conocimos cuando teníamos diecisiete años. La suerte hizo que gracias a uno de esos concursos estudiantiles, los dos fuésemos afortunados con la posibilidad de disfrutar un viaje de quince días a Italia. Yo iba tan nervioso que al subirme al avión ni me fijé siquiera en quienes eran mis acompañantes. Así que no puedo decir que me fijara en ti nada mas verte. No sería cierto. Fue al llegar a destino, cuando al ir a recoger nuestras maletas, coincidimos frente a frente en la cinta. Estabas realmente impresionante, con unos shorts vaqueros y una camiseta roja que dejaba uno de tus hombros a la vista. Recogimos la maleta y me retrasé colocándola en el carro para que me diera tiempo suficiente a coincidir contigo una vez que traspasáramos la puerta de la sala de equipajes. Una vez en la calle, el autobús nos esperaba. Fuimos hablando todo el trayecto y nos convertimos en inseparables durante los quince días que duró la estancia. Tengo un gran recuerdo de aquel verano, y aunque al principio no me hiciste mucho caso, siento aún una intensa emoción cuando rememoro aquel primer beso que me diste sentados en las escaleras de la Plaza España de Roma.
Aquel verano se acabó, pero nosotros continuamos viéndonos durante el siguiente invierno. Supongo que el tiempo a medida que transcurre, va añadiendo valor a las experiencias vividas. Ahora cuando miro atrás, siento una gran nostalgia de aquellos momentos, a pesar de que no todo era perfecto. Un comentario provocado por terceras personas hizo que una tarde discutiéramos, y en la discusión apareció una de esas sentencias tan terribles a las que siempre esperas que te contesten negativamente “preferirías no volver a verme ¿verdad?”. Pero en este caso la respuesta fue afirmativa, así que esa fue la última vez que hablamos.. Para mi la ruptura fue muy dolorosa, porque en aquel momento estaba realmente enamorado, pero ya no había marcha atrás. No volví a llamarte, ni tu a mí. Cientos de veces estuve a punto de hacerlo pero me habías dejado claro que no querías volver a verme.
Doce años después, en una de mis visitas a Oviedo, volví a verte en un pub del Antiguo: Estabas con tus amigas de siempre, y yo estaba con mis mejores amigos, con quienes aprovecho para quedar siempre que retorno a Asturias. Me hizo ilusión verte doce años después, estabas igual, aunque más mujer. Sin dudarlo fui, te cerré los ojos con mis manos ocultándome a tu espalda y te susurre al oído: “el pasado quiere saludarte”. Sorprendida te diste la vuelta, y al verme se te abrieron los ojos de esa forma tan expresiva que tanto me gustaba. Hablamos, y hablamos, hasta que mis amigos y tus amigas se desesperaron y amenazaron con dejarnos solos. Intercambiamos teléfonos y nos citamos para unos días después poder hablar con tranquilidad.
Esa misma semana te llamé al trabajo, y quedamos para vernos. Estabas esplendida como siempre, sin maquillar demasiado y vestida más que elegantemente. Me dijiste que me veías más delgado, y es posible pues acababa de pasar hacía unos meses una úlcera de estómago provocada por el maldito estrés.
Cenamos en La Gascona y después nos fuimos al Antiguo, y allí estuvimos hasta pasadas las tres de la mañana. En ese tiempo, y suupongo que animados por el alcohol, hubo muchas confidencias.
Al parecer ninguno habíamos tenido culpa del malentendido, y sin extenderme demasiado diré que los dos reconocimos que nuestra ruptura había sido una chiquillada inducida por terceras personas con intereses. Me confesaste que lo habías pasado fatal y que me habías estado siguiendo la pista todos estos años. “Tantas veces pensé en llamarte, pero como no me llamabas te supuse muy dolorido” , me dijiste. Me sorprendió el hecho de que conocías todos los pasos que había dado en ese tiempo. El final de mi carrera, el trabajo inicial fuera de España, mi retorno a Madrid, etc. Estabas prácticamente al día.
“Definitivamente tú has sido el hombre de mi vida”.
Pensé que al tratarse de un primer amor adolescente, me estabas sobre valorando. Me contaste que en realidad habías tardado en encontrar a alguien porque te habías pasado años buscando alguien que se pareciera a mí. No puedo negar que me sentí halagado, contestándote que tú para mi habías sido alguien muy importante a quien en cierta medida siempre llevaría conmigo. Finalmernte me dijiste que estabas a punto de casarte despues de habertelo pensado mucho, pero que estabas en un momento en el que necesitabas estabilidad.
Te llevé a casa y antes de llegar, los dos valoramos la posibilidad de que la noche no acabara allí, pero coincidimos en que no era ni oportuno ni conveniente. Aunque en el aire quedase un cierto aroma a historia no concluida. Así que, al llegar , nos dimos un abrazo, un beso, y un hasta siempre que sonó a despedida al menos para otros doce años.
Han pasado ya otros siete años desde ese día.
Esta mañana aprovechando que estoy de visita en Oviedo para ver a mis padres, fui a realizar algunas compras y conocer el Ikea. Y allí te vi, entre las fundas nórdicas y los almohadones. Junto a ti, un hombre de unos cuarenta y pocos, y de tu mano, una preciosa niña rubia de unos cinco o seis años.
Yo también iba con mi pareja, a lo mejor por eso, de forma espontánea, solo nos hemos mirado, y aunque solo han sido unos segundos, a mi me ha parecido una eternidad. Luego tu compañero reclamó tu atención, y antes de desviar la mirada, me sonreíste con un tierno gesto de complicidad. Por un momento, solo por un momento, volví a sentirme como aquel adolescente sentado en la Plaza de España de Roma…
Almudena (Sobreviviré) — 01-02-2006 17:02:06
Telmo — 01-02-2006 23:17:08
Medea — 05-02-2006 15:52:41
Clarissa — 14-04-2006 22:07:06
Luis — 18-04-2006 03:43:58
Heather — 26-10-2006 08:47:43
Irene — 26-10-2006 08:51:36
Bitacoras:
Otro mundo es posible: Vosotros que me haceis pasar tan buenos ratos: