Desde hacía tiempo rodaba por mi casa “Comer, beber y amar”, película que en su momento se me había escapado en el cine y que hasta ahora no había podido ver. Quien la haya visto sabe que se trata de una excelente y emotiva película. Quiso la casualidad que tras verla me quedase con esa necesidad de más que a uno le queda con las buenas historias y decidí ver “Deliciosa Marta” recomendada en su blog por Almudena, del que ya soy asiduo. Estas dos estupendas películas tienen un nexo en común, en ambas los protagonistas viven acontecimientos fundamentales mientras cultivan el sano ejercicio de disfrutar comiendo y/o dando de comer a otros.
Fue así como me vino a la cabeza toda una colección de lugares , personas o momentos importantes de mi vida que relaciono con la comida.
Me acordé de esa churrería que hay a pié de muelle en Llanes y que fue testigo de gran parte de mis veranos infantiles. Aún hoy, cuando vuelvo a Llanes (cosa que hago con cierta frecuencia), vuelvo a esa churrería para sentirme un poco Fanis en la tambien sugerente “Un toque de canela” .

Otro de los lugares que me vino a la cabeza fue la Vesuvio, una pequeña pizzería sin mesas, en la que las pizzas se comen en la barra. Situada en la calle Hortaleza de Madrid, se convirtió en un lugar casi santo para mí, pues en ella me veía con mi actual compañera cuando yo volvía de trabajar a España tras estar a veces hasta seis meses meses fuera y ella aún vivía en Madrid.
Algunas ocasiones cuando regresaba a España, nos veíamos fuera de Madrid. De tantas veces, recuerdo una especialmente bonita, en una Segovia llena de invierno que nos condujo a un lugar llamado la La Cueva de San Esteban degustando, ya en el postre junto al personal, un orujo de hierbas verdaderamente mágico, como aquel momento.
De la etapa en el extranjero, me quedo con las costumbres culinarias de mi entonces compañero de piso J. renombrado cocinero profesiónal, y almeríense de pro, del que aprendí mucha cocina, pero sobre todo a desayunar, y a amar el pan con tomate y aceite como a mi mismo. De hecho, es que el ritual de ese desayuno andaluz se ha quedado en mí de por vida, como el buen sabor que dejó su amistad.
El Guajereño es un pequeño restaurante situado en una bocacalle de la plaza María Pineda en Granada en la que I. y yo pasamos otra estupenda noche de fin de año sin saber que el destino y la casualidad nos llevaría años después a vivir un tiempo en esa ciudad. Así que tuvimos oportunidad de repetir con el excelente jamón de Trevelez, la morcilla alpujarreña y el lomo con setas, que me consta, aún sirven.

mordandis — 17-02-2006 10:47:47
Amaranta — 17-02-2006 11:03:33
marvision — 17-02-2006 14:10:46
Almudena (Sobreviviré) — 17-02-2006 14:15:39
natalia (cenicienta) — 17-02-2006 15:20:22
Shamandalie — 17-02-2006 17:33:10
RICARDO — 26-11-2007 19:13:39
Bitacoras:
Otro mundo es posible: Vosotros que me haceis pasar tan buenos ratos: